𝙆𝙖𝙣𝙯𝙖
Con la inconstancia que caracterizaba el clima en aquel nuevo mundo aprendió a poner atención a las señales y el hábito se extendió a otros ámbitos más profundos y abstractos de su vida.
Una consciencia superior, oculta hasta ese momento, emergía de quién sabe dónde, pero le permitía predecir cataclismos en lugares lejanos y explorar secretos nunca antes revelados.
Descifró el canto de aves extintas y el murmullo de caudales secos.
Dedicó cien horas a memorizar cada verso olvidado y comenzó a recitarlos en cuantos lugares visitaba.
Trajo a la vida los restos de una civilización perdida en el tiempo y devolvió la corona a reyes muertos. Todo esto con tan solo un pensamiento.
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