𝘿𝙚𝙨𝙥𝙚𝙧𝙩𝙖𝙧

 


Visto desde abajo el cielo parece esconderme cosas. La primera vez que sentí mi cuerpo en plena calle resultó abrumador. Fue como aterrizar en un planeta desconocido que había recorrido cientos de veces antes que esa. Me sentí diminuta como un meñique. Edificios gigantescos, avenidas más amplias que nunca y ahí estaba yo, un personaje más dentro de una ficción abstracta a la que no he logrado dar forma ni con la imaginación. 


Me sentí parte de algo, significativa de alguna manera, amada y protegida como una hija deseada por sus padres. Me sentí viva, aunque no más de lo que podría estar una hoja que acaba de soltarse de la rama. 


La extensión limitada de mi conciencia no me permite interpretar mis propios pensamientos, por lo siempre resulta extenuante darle un nombre a las cosas. 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

𝙎𝙤𝙡𝙤 𝙩𝙚𝙨𝙩𝙞𝙜𝙤𝙨

𝙃𝙤’𝙤𝙥𝙤𝙣𝙤𝙥𝙤𝙣𝙤 𝙥𝙖𝙧𝙖 𝙢í

𝙍𝙚𝙫𝙚𝙡𝙖𝙘𝙞𝙤́𝙣 𝙙𝙚𝙡 𝙮𝙤