𝘽𝙚𝙣𝙙𝙚𝙘𝙞𝙧
Las bendiciones son un recurso inagotable, como lo son la radiación solar, el viento y las mareas. El acceso es ilimitado y gratuito y pueden ser usadas en bien propio y ajeno. En tiempos donde las dificultades materiales nublan el juicio y la fe en lo invisible se estrecha hasta quedar reducida a una fina línea, actúan como una inyección de energía expansiva que nivela la presión externa.
No solo desde y hacia nuestros conocidos constituye un alivio, sino que resulta igual de gratificante darlas y recibirlas de, y a extraños, aunque ignoremos la naturaleza de sus padecimientos y ellos la nuestra. No hay privilegios sujetos a religiones ni razas. Una bendición es un buen pensamiento lanzado al universo, que tiene el mismo impacto de donde sea que provenga. En este, como en muchos otros casos, la gramática no altera el sentido de la historia.
Desearle un buen día a quien ha batallado desde el amanecer con la incertidumbre de un montón de cuentas por pagar, los hijos descarriados, la pérdida reciente de seres queridos, parece una gigantesca ironía. Sin embargo, su efecto tiene valores incalculables. Por instantes la mente regresa a su estado natural de calma y en medio de la interminable pelea interna contra el flujo de pensamientos, algunos incluso logran sonreír.
Si bien los milagros no son para todos, existe la posibilidad de que ese proyectil que ya fue disparado no nos derribe y que seamos capaces de soportar el impacto desde otra perspectiva más esperanzadora.
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