𝙈𝙖𝙢𝙖́

 


Ha enterrado a todos sus muertos y a los de otros que flaqueaban en la hora de la despedida. 

 

Es brazo de acero que castiga y mano suave que acaricia. 

 

Es a veces la palabra hiriente que nadie se atreve a pronunciar. 

 

Es rectitud y cordura, porque los locos son otros: aquellos que se atreven a juzgar de insanos a sus semejantes. 

 

Es compasión infinita como la que jamás volverán a profesarte en vida. 

 

Fue hija primero, tía y esposa. Ahora le llamo Madre. 

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