𝙍𝙪𝙞𝙙𝙤 𝙞𝙣𝙩𝙚𝙧𝙣𝙤

 


Este solitario camino que me conduce a dónde. Cada vez me cuesta más encontrar puntos en común con aquellos que me rodean. En mi afán por conservar la humildad, intento mantener los pies sobre la tierra y no sentirme especial ni diferente, bajo el precepto de que todos los seres humanos somos iguales. Eso vuelve aún más difícil la autoaceptación y el entendimiento de mis fortalezas y debilidades, cuando pretendo compararme con la gente promedio. He perdido mi identidad una vez más, como cuando era adolescente y buscaba de forma incesante la identificación con algún grupo. No soy esto ni aquello y quizás sólo por eso no logro verme reflejada en los demás. 

 

Quiero a veces una vida de desprendimiento material, como la que llevaría un monje iluminado, renunciar a los placeres carnales y dedicar la vida a la práctica de la virtud. Quiero otras veces sacrificar mi vida en favor de los más necesitados. Mas, me abstengo de plantear a fondo tales dilemas por un juicio hiriente que procede, según sospecho, desde mi propio ego; ¿será que estoy escapando de mi incapacidad para cumplir con mis propias elecciones? O acaso, ¿pretendo sentirme superior a los demás por pensar en tales cosas?

 

No tengo inclinación hacia la maternidad, mas sí hacia la humanidad. Socorrer de forma justa a todos los desamparados, sin deferencias. Siento a veces la necesidad impertinente de ayudar a personas en la calle y otro juicio, esta vez externo, me recuerda que ya tengo una familia por quien hacer. 

 

¿Por qué siento entonces el mismo placer o uno más grato todavía, cuando tiendo la mano a ese que no tiene a nadie más? 

 

Quiero una vida normal sin tantos juicios ni obligaciones autoimpuestas cuando en verdad nada me importa. Quiero el equilibro entre lo que puedo y lo que ansío hacer. Quiero lograr grandes cosas, pero sólo por lo que piensen los otros de mi. Yo estoy conforme con todo lo que poseo y no necesito nada más. Quiero romper las cadenas que me asfixian en esta existencia de materia y superficialidad. 

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