𝙇𝙚𝙜𝙖𝙙𝙤𝙨
Amenizar la idea de esta existencia finita y absurda con algo más allá de la realidad material que nos rodea viene siendo el pilar común de algunas religiones. Sin embargo, una recompensa después de la muerte por nuestros actos nobles hacia nuestros semejantes, no parece en extremo tentador para los que ya han elegido el otro camino. Atentan contra la integridad de los más débiles sin temor al castigo, porque se han aferrado a la idea de que todos dejaremos de existir de una manera u otra; arrebatada la vida por causas variables o por ley.
¿Dónde radica, entonces, la importancia de la empatía si solo el ahora cuenta? ¿Qué relevancia tiene el cosechar el fruto que no vamos a comer, nosotros ni los nuestros? Las familias preservan el linaje con el fin de perpetuar la grandeza de sus apellidos. Una plantación de olivos que da frutos después de cien años es con certeza un importante legado. ¿Por qué no heredarles de la misma manera la generosidad y el desinterés para con su prójimo?
Un ser individual, como llega a ser un espíritu desencarnado, entiende que no precisa dejar legado material alguno detrás. Solo desprenderse con dignidad de la envoltura que retrasa su grandeza y acudir en socorro cada vez que sea llamado por los que marchan detrás. ¿Por qué olvidarlo?
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