𝙀𝙜𝙤

 


Acabo de matarlo. El cuerpo tiembla y se retuerce en el suelo, los ojos rojos por la asfixia, la boca deformada en un último grito de ayuda al que no acudí, las mejillas pálidas. Ha desaparecido incluso la hinchazón por la picadura de abeja de cuando salimos a caminar esta mañana. 

 

Habíamos estado inmersos por más de treinta años en una guerra que parecía interminable y necesaria y que comenzó cuando dejé de considerarlo buena compañía. Se ocupaba de mi, y si no, me impulsaba de mil maneras distintas a salvar las injusticias que se cometían en mi contra, pero siempre estaba a mi lado. Jamás dejó que me sientiera sola y creía que era bueno, en los primeros tiempos cuando todavía era inexperta en ciertas cuestiones de la vida. Luego comencé a notar su inconformidad y cómo cada vez pretendía extender su dominio sobre mí. Era un ser insaciable, casi con vida propia, capaz de matar y destruir para robar la tierra de otros.

 

Así, se convirtió en una rutina impuesta con la que llenaba de reproches y frustración mis días. Era lo primero al despertar y lo último antes de ir a dormir. Siempre supo que quería deshacerme de él, pero aún así se resistió a abandonarme, como si su existencia dependiera de la mía. Así era, aunque no lo supe hasta hoy. 

 

Cada día se reinventaba y aparecía ante mí con otras formas, algunas tan insospechadas que me costaba reconocerlo. A veces terminaba venciendo él, aunque quien experimentaba la sensación de victoria era siempre yo. A veces solo lo veía venir disfrazado de cualquier otra cosa, con el característico orgullo de quien a pesar del camuflaje, no teme ser reconocido porque cree tener el control. En esos casos teníamos siete u ocho peleas por una misma causa, porque era su trabajo hacerme sentir miserablemente vencedora. No importaba cuantas veces le repitiera que estaba bien, que no había de qué preocuparse. Él, buscaba la manera de convencerme de que todos a su excepción eran mis enemigos.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

𝙎𝙤𝙡𝙤 𝙩𝙚𝙨𝙩𝙞𝙜𝙤𝙨

𝙃𝙤’𝙤𝙥𝙤𝙣𝙤𝙥𝙤𝙣𝙤 𝙥𝙖𝙧𝙖 𝙢í

𝙍𝙚𝙫𝙚𝙡𝙖𝙘𝙞𝙤́𝙣 𝙙𝙚𝙡 𝙮𝙤