𝙀𝙣𝙟𝙖𝙢𝙗𝙧𝙚
Me resisto al enjambre y rechazo cada síntoma que me acerca a él. Sería natural si se tratara de abejas de forma literal, más tal referencia constituye una extraña metáfora elaborada a partir del malestar que ocasionan ciertas influencias sobre mí.
Comienzan diminutas y frágiles como un capullo, inofensivas pienso, sin embargo, se transforman en algo imparable en cuestión de segundos. No controlo hacia dónde van hasta que es demasiado tarde y lo que parecía un aleteo de mariposas se convierte en el poderoso batir de alas de un enfurecido enjambre.
Es ahí cuando me detengo en firme y el mundo sigue girando alrededor. Me inclino y entrego todo lo inmaterial que me arrastra a este estado de conmoción que me aleja de la realidad.
No hay catástrofes anunciadas. No hay un escape de gas a distancia que podría desatar el fin de la humanidad. No hay atentado alguno al avión que acaba de despegar con 200 pasajeros. No hay una matanza en el ómnibus en el que viajo.
Soy solo yo lidiando con mis abejas.
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