𝙀𝙡 𝙥𝙡𝙖𝙣𝙚𝙩𝙖 𝙙𝙚 𝙡𝙤𝙨 𝙡𝙤𝙗𝙤𝙨

 


Habita en el planeta de los lobos una única oveja, suave al tacto y jugosa en el interior, a juzgar por la mirada devoradora de los lobos que pasean a su alrededor. Es un animal estúpido y lindo, a juzgar otra vez por los lobos, que saben del peligro que corre cada vez que sale a pastar a campo abierto. 

 

No hay ley en este planeta. No hay un orden que prohíba comer ovejas, como tampoco existe castigo para quien lo haga. La oveja ha tomado prestados algunos hábitos de los lobos y pretende ser más tonta de lo que en realidad es. Sabe quién es y su valor, por eso se alimenta bien cada día, llenando su estómago con más hierba de la que puede digerir. Sabe que mientras su lomo luzca redondo y su lana bien peinada, los lobos no se atreverán. Seguirán soñando con el sabor jugoso de esas patas traseras que van y vienen de lado a lado del campo, sentirán en los dientes la carne suave siendo trozada, el olor de la sangre fresca.

 

Sabe lo especial que es. Sabe que representa la clase de utopía con la que todos fantasean, pero como todo sueño queda en la imaginación y en las ansias. Podrían, los lobos podrían tomar cada uno un bocado y dar fin a la espera, pero temen demasiado a despertar en un planeta solitario, sin nada más que anhelar. 

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