𝘼𝙣𝙨𝙞𝙖𝙨

 


Siento ganas de no ser y emocionado llorar ante la vista arrasadora de un atardecer frente al mar. Una playa desierta en una isla inhabitada dentro de un planeta lleno de vida. 


Siento ganas de extrañar cuánto tuve y cuanto tendré dentro de mil años, para aprender de una vez que la fruta es más dulce en el preciso instante en que cae del árbol, no cuando hemos perdido la cosecha y nuestras manos rotas arañan la tierra en busca de más semillas que plantar. 


Siento ganas de gritarle al cielo que detenga la lluvia, que calme mis angustias y que reemplace de una vez la cañería averiada por donde el agua no logra alimentar a los cultivos sin hacer estragos. 


Quiero sanar desde adentro y vivir sin el horrendo temor al fracaso con que despierto cada amanecer, sin pesadillas que oculten mensajes por descifrar, sin el peso de la carne sometida a la gravedad. 


Necesito experimentar la misericordia que concede Dios a su creación, aferrarme a sus mandamientos y vivir acorde a la brevedad de cada existencia; murmurar sabias lecciones al oído de los ignorantes, prometer sosiego a los desesperanzados, aliviar la pena de tantos que siguen vagando sin poder encontrar el rayo de luz que guía a ese otro lado donde habita la paz. 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

𝙎𝙤𝙡𝙤 𝙩𝙚𝙨𝙩𝙞𝙜𝙤𝙨

𝙃𝙤’𝙤𝙥𝙤𝙣𝙤𝙥𝙤𝙣𝙤 𝙥𝙖𝙧𝙖 𝙢í

𝙍𝙚𝙫𝙚𝙡𝙖𝙘𝙞𝙤́𝙣 𝙙𝙚𝙡 𝙮𝙤